LA FAMILIA
1.
La
fundación de la familia: noviazgo y matrimonio
La familia es una de las
principales estructuras de la sociedad , de hecho se considera uno de los
pilares de la misma como agente socializador, ahora bien, para poder fundar la institución
de la familia deben haber dos personas con el mismo propósito o anhelo de
fundarla, para ello sin embargo no es necesario solo esto, además, es de suma
importancia un preámbulo o paso previo para la fundación de la familia, periodo
mismo que le sirve al hombre y a la mujer para valorar y madurar la posibilidad
y la conveniencia de tomar esa decisión de transformar su amor en proyecto de
vida en común, periodo llamado: noviazgo, es de tomar muy en cuenta que no
puede haber noviazgo sin enamoramiento, este mismo posee ciertas
características entre las cuales podemos mencionar:
·
Compartir la vida: Es decir no es solo estar
enamorados sino debe haber tiempo y deseo para compartir juntos, lo mismo que
les permitirá unirse aún más y llegar al siguiente paso que es el matrimonio.
·
Tendencia a la permanencia: lo que ambas
personas buscan es permanecer juntos con el tiempo y así lograr una mayor unión
que les permita afrontar las dificultades juntos, se busca permanencia en el
tiempo.
·
Complementariedad sexual: se refiere al hecho
de que moralmente esta reconocida la complementariedad entre el hombre y la
mujer, este es el punto, que el hombre busque en su etapa de enamoramiento su
complemento en la mujer o viceversa.
·
Necesidad vital de la otra persona: durante
el periodo de enamoramiento las dos personas se necesitan mutuamente, para
compartir, para divertirse, para hablar, para lograr una mayor unión.
·
Posibilidad de tener hijos: lo que se busca
en el noviazgo a través del enamoramiento es madurar la idea de unirse en
matrimonio, por lo cual también debe madurarse la idea de tener hijos en su
debido tiempo, buscando así ir madurando a la vez la idea de formar una
familia.
Es precisamente en este
periodo cuando tanto el hombre como la mujer, abogan de manera natural por una
vida en común y por un proyecto de vida, pero ese proyecto no surge por sí
solo, es un camino largo, duradero y no siempre sencillo que, en primer lugar
se debe decidir emprender (tomar la decisión realmente de lo que se busca es
formar un matrimonio y así una familia) y luego mantenerse a pesar de las
dificultades: “hasta que la muerte nos separe”.
En esta etapa hay que
asegurarse que el amor del otro es una realidad para no confundir con algún
espejismo que luego conlleve al fracaso sentimental. Asegurarse que a la otra
persona se le quiere con sus defectos y virtudes en lugar de idealizar a
una persona que realmente no existe, lo
que luego provocaría la separación ante la decepción que la persona no es tal
cual se idealizó, esto solo se logra con el conocimiento profundo del otro,
compartiendo y no es un proceso rápido, sino, es un proceso que requiere su
tiempo prudencial. Luego del conocimiento profundo del otro y de su ambiente
con el cual también posteriormente se deberá interrelacionar, es esto lo que
ayudara a tomar la decisión de si se podrá o no compartir la vida juntos. Dar
paso en condiciones de desacuerdo a la forma de ser del otro y a la aceptación
de su entorno supondría una relación conyugal con bastantes posibilidades de una
pequeña o gran tragedia.
Es precisamente superada la
etapa de noviazgo cuando ya se está en las condiciones de tomar la decisión
trascendental del matrimonio.
b.1)
Dimensión interpersonal
El matrimonio es ante todo
un compromiso personal de un hombre y una mujer de formar una comunidad de
vida, este compromiso reúne las siguientes características:
·
Es un compromiso de por vida: Esto es así ya
que el matrimonio no es para un tiempo, es para compartir la vida entera con
otra persona, por ellos se realiza el juramento: “hasta que la muerte nos
separe” porque mientras vivan estarán ligados como matrimonio.
·
Entrega plena: Los esposos deben entregarse
por completo el uno al otro.
·
Solo es posible realizarlo con una persona:
Esto es así ya que no se puede compartir plenamente la vida con varios hombres
o mujeres a la vez, aludiendo de esta manera a la fidelidad mutua.
·
Exige la exclusividad de la relación sexual:
en primer lugar porque los esposos se entregan mutuamente también sexualmente,
siempre buscando configurar una familia, de igual manera se exige exclusividad
por que el acto sexual solo tiene sentido en el marco de una unión personal
plena ya que, como hemos visto, el cuerpo no es instrumento de la persona, sino
la misma persona en su dimensión corporal. LA unión de sus cuerpos refleja por
lo tanto que las personas están plenamente unidas.
b.2)
Dimensión social
Aunque el matrimonio es una relación interpersonal, posee
también una dimensión social, primeramente ya que el matrimonio como acto en el
que dos personas se casan y como la comunidad de vida que surge de el, es una
realidad social fundamentalmente por dos razones. En primer lugar, por el hecho
elemental de que los novios, por mucho que el amor pueda durante un determinado
periodo aislarlos del resto del mundo, estos provienen de un entorno social y
van a vivir posteriormente en otro entorno social que va a influir de manera
muy importante en su vida.
Pero el matrimonio no tiene una dimensión social
únicamente porque se de en el contexto de una sociedad, sino por una razón
mucho más profunda: supone la creación del elemento clave de la sociedad: la
familia. El matrimonio es la semilla de la familia y la familia es la estructura
esencial de la sociedad. Por eso, el matrimonio aunque un acto fundamental
personal, es, al mismo tiempo, esencialmente social.
La boda se realiza en presencia de la sociedad por lo
cual también se verá influenciada por la misma, la formación de un nuevo núcleo
se desarrollara más tarde como la familia con la aparición de los hijos, que
son los nuevos miembros de la sociedad.
b.3)
Dimensión religiosa
Esta dimensión estará necesariamente presente si los
novios son creyentes ya que están tomando, probablemente, la decisión más
trascendental de su vida.
La boda aúna, desde una vertiente festiva, estas tres
dimensiones en casi todas las culturas. Es, ante todo, la fiesta del amor y de
la alegría entre el hombre y la mujer, el misterio de la masculinidad y la feminidad
que se entrelazan una vez más en una pareja única entre los millones de parejas
que han poblado y poblaran la historia. Es también la fiesta de la sociedad
porque la rueda de la vida continúa. Del amor que se sella entre el hombre y la
mujer surgirán los nuevos hijos que labraran los campos, construirán las casas,
trabajaran y dirigirán las empresas y cuidaran a sus mayores cuando comiencen a
envejecer. Y para un hecho trascendental se requiere la bendición de Dios pues
no tiene sentido emprender una empresa tan importante en su ausencia o en su
contra. La boda cristiana es una magnifica muestra de esas tres realidades en
el marco de una celebración eminentemente festiva.
c)
El
fracaso del proyecto matrimonial
El proyecto matrimonial no
siempre se consolida. En ocasiones, la relación conyugal se deteriora hasta
hacer muy difícil y a veces imposible no solo la consecución de objetivos
comunes, sino la misma vida en común. Tienen lugar entonces auténticas tragedias
porque el desmoronamiento del proyecto existencial del sujeto le afecta en sus
mismas raíces. El matrimonio y la familia pueden ser la fuente de felicidad más
importante pero, precisamente, por eso, su desaparición o fractura conlleva
sufrimientos terribles.
¿Cuáles son las salidas
posibles ante esta situación?
La más simple es la
separación, en principio, temporal, y si no surte efecto, definitiva, se busca
con la separación temporal que los ánimos tensos bajen y puedan reflexionar
para tomar la decisión de seguir con el proyecto de vida juntos, pero no
siempre esto es así, por lo cual en esos momentos la separación definitiva se
tiene que dar.
Otra posible salida, desde
hace tiempo admitida por las legislaciones de muchos países, es el divorcio que
significa la ruptura toral con el vínculo anterior y que implica, por tanto, la
posibilidad explicita de construir uno nuevo. Aunque el divorcio suponga una
salida a un grave problema, en sí mismo es un mal: la constatación de un
fracaso y habitualmente la inauguración de una tragedia, especialmente si ese matrimonio
ha tenido hijos. El hijo es el fruto de la fusión corporal del padre y la madre,
por lo que la ruptura le afecta de modo radical. En el permanecerán unidos
vitalmente dos mundos que se separan.
2.
La
comunidad humana esencial
La familia nace en el
matrimonio como proyecto, como
fundación, pero se constituye con plenitud con la aparición del hijo. Este
marca el paso de “pareja” o “matrimonio” a familia.
a)
La
familia se constituye en plenitud con los hijos.
El nacimiento del hijo
supone la culminación del proyecto de amor del hombre y la mujer porque es el
amor hecho vida y encarnado para siempre en una persona. Y de esa culminación y
fructificación del amor nace la familia.
Nace en primer lugar,
mediante el despliegue, desarrollo y transformación del entramado completo de
relaciones interpersonales que la constituye. El hombre deja de ser simplemente
marido para ser, además, padre y, de igual modo, la mujer deja de ser
únicamente esposa, además, madre. Y lógicamente, son padre y mare en referencia
a una persona radicalmente nueva que es el hijo.
En segundo lugar, la familia
nace como realidad social. En ese entramado de relaciones se constituye socialmente
como un nuevo núcleo social, como una nueva comunidad o, como es también
habitual decirlo, una nueva célula esencial de la sociedad.
b)
Características
esenciales de la familia
1. Es
el lugar del origen de la vida y por tanto, de perpetuación de la sociedad. Es así
ya que se da la unión entre la pareja buscando formar una familia, lo cual se
logra cuando nace un hijo, lo cual a la vez permite que la sociedad siga
creciendo y perpetuándose.
2. Es
la primera comunidad interpersonal para el hijo: todo hombre establece su
relación con el mundo y con la sociedad a través de una familia y es, por
tanto, el lugar donde forma su identidad.
3. Es
la primera comunidad intersexual: Es precisamente el primero lugar en el cual
se relacionan con personas del sexo opuesto, en primer lugar el marido con la
mujer y luego los hijos con el padre y la madre y al final entre hermanos si
los hay, es el primer lugar ya que posteriormente al salir de la familia
tendrán que relacionarse en la sociedad con personas del sexo opuesto.
4. Es la
primera comunidad intergeneracional: Los abuelos se relacionan con los padres,
los padres con los hijos, incluso los hijos con los abuelos y de esta manera
son distintas generaciones que se relacionan entre sí.
5. Es
el centro afectivo de la persona: Es el lugar donde se establecen y habitan las
relaciones humanas más esenciales: el amor de pareja; la paternidad, la
maternidad, la filiación y la fraternidad de modo que se le puede llamar con
razón el centro afectivo de la persona.
6. La
familia desarrolla además y por último otras funciones sociales: económicas,
educativas, socialización primaria y secundaria, ayuda a personas con
discapacidades, etc., Que varían con las culturas y las épocas pero que son
siempre muy importantes.
Por todas estas razones se puede afirmar de
manera nítida que la familia es la célula o estructura esencial de la sociedad
y qué de su buen funcionamiento depende de manera sea muy significativa el
funcionamiento global del entramado social.
3.
La
formación del sujeto
a.
Constitución
biológica
La familia e interviene ante todo proporcionan dos sujetos lo necesario
para que satisfaga sus necesidades vitales. Se, trata ciertamente, de un nivel
básico pero esencial. El niño recibe especialmente en los primeros años de vida
en la familia, y gracias a una dedicación de tiempo muy importante por parte de
los padres, cosas tan elementales pero tan imprescindibles como, ante todo, la
misma vida y, después, la alimentación, el vestido, cuidados en caso de
enfermedad, un lugar donde habitar, etc.
b.
Socialización
primaria
La segunda dimensión a través de la cual la familia influye de manera
significativa en la persona es el denominado proceso de socialización primaria,
que consiste en proporcionar a la persona las claves básicas para que pueda integrarse
en una determinada sociedad. Estas clave son esencialmente las siguientes: las
habilidades primarias: andar, comer, desplazarse, orientarse, etc.; El
lenguaje; las normas básicas de relación social (educación, importancia de
compartir, respeto al otro, agradecimiento, etc.)
Es muy importante que el sujeto posea estas capacidades ya que le
permitirán sobrevivir en el medio social en el cual se integre.
c.
Formación
de la identidad
Por identidad y entendemos aquí no solo la
personalidad (el carácter), sino una estructura más profunda del sujeto que
significa lo que es, como se ve y cómo ve al mundo. La familia influye de
manera profunda en esta dimensión al menos desde dos perspectivas:
c.1)
actitud General ante el mundo
El niño ve al mundo a través de la familia porque en
los primeros años mundo y familias e identifican y, más adelante, accede al
exterior a través de su entorno familiar. Por eso, si se encuentra rodeado de
amor y de cariño, considerará el mundo un lugar positivo y acogedor y adoptará
ante él una actitud abierta y constructiva que Irán calando en su personalidad
y será muy relevante en el futuro para todas sus decisiones. Esta mentalidad,
evidentemente, no se transmite a niños de manera nocional, sino a través de las
actitudes, sensaciones y vivencias que el niño percibe a su alrededor:
caricias, atención, amor, tranquilidad, cariño, orden, etc.
c.2)
Estructura personal
El niño forja también en los primeros años las bases
de su personalidad, y también aquí la actitud de los Padres (y de los hermanos,
aunque en menor medida) es determinante, pues el niño es un ser intrínsecamente
necesitado de orientación y ayuda y la calidad, adecuación y constancia con que
se le proporcione será fundamental es evolución. El objetivo final es que, al
final de la adolescencia, posea una personalidad estable, es decir, segura, con
criterios propios de actuación, comprensiva y con un nivel adecuado de
autoestima. Y esto sólo es posible en primer lugar, con la constante y adecuada
atención de los Padres que orienten y formen al niño de manera que éste vaya
corrigiendo poco a poco sus defectos, superando sus problemas y dificultades y
fortaleciendo sus cualidades.
Esta tarea no es sencilla y junto a sólidos criterios
de actuación requiere una dedicación diaria y constante en el tiempo puesto que
las personas sólo modificamos nuestra personalidad poco a poco y con
dificultad. Además requiere también una dedicación específica tanto el padre
como de la madre puesto que ambos juegan papeles distintos en educación de los
hijos.
La Madre es el principio de seguridad. Es ante todo,
quien nos protege física y afectivamente, nos da lo que necesitamos y nos hace
ver de manera especial que el mundo es amigo. Es, también, la representante por
excelencia del amor incondicionado, el amor que está siempre y en cualquier
circunstancia disponible para nuestras necesidades. Independientemente de lo
que hagamos o de cómo nos comportemos sabemos que en la Madre siempre vamos a
encontrar refugio y afecto.
Por eso se puede decir también que constituye el punto
de referencia existencial por automasía de la persona, aquel que nos radica en
el ser no sólo porque es quien de una manera más directa nos lo ha dado, sino
porque su persistencia afectiva nos arranque en el mundo y da sentido emocional
a nuestra existencia.
La misión del padre
es, en parte, diversa y consistente en hacer presente el principio de realidad.
El padre debe enseñar al hijo que el mundo tiene sus leyes y que los demás
tienen sus derechos y su subjetividad, es decir, que no todo está disponible;
que el mundo no es una mera extensión de los deseos que nos concede la madre.
Por eso, " un hombre sin padre, dice Buttiglione, tiende a considerar que
el mundo puede transformarse según sus deseos, sin que sea necesario ningún
esfuerzo por su parte. Además se tendera a apropiarse de las cosas buenas de la
vida sin tener en cuenta el derecho análogo de los demás hombres. No podrá
recibir ningún regalo, porque no pedirá nada a nadie, sino que se comporta como
si todo le perteneciese desde el principio. En tal caso podría cometer las
mayores injusticias, sin darse cuenta ni siquiera de que las comete.
Es importante
remarcar, de todos modos, que estos roles del padre y la madre no son
exclusivos ni excluyentes, sino más bien el punto focal o convergente de las
actitudes paternas como maternas. De hecho, tanto el padre como la Madre pueden
desarrollar las funciones del otro: el Padre, por ejemplo, tiene también una
importante capacidad protectora y la Madre puede impulsar al hijo a enfrentarse
con el mundo.
Por último,
Buttiglione ha indicado con agudeza que el sentimiento religioso de los padres
puede ser especialmente importante cuando el niño alcanza la fase de su
evolución en la que reivindica su independencia. Que en este momento los padres
no constituyan el centro último de la existencia, sino que exista un ser por
encima de ellos que gobierne a todos, puede ayudar al hijo a asimilar el
difícil proceso que supone descubrir los límites de los Padres y determinar la
actitud que se debe adoptar en esa nueva situación.
4. El
lugar de la existencia
La gran importancia de la familia en la vida adulta de las personas se
pone de manifiesto al menos en los siguientes ámbitos:
a. El
lugar de las raíces
La familia es el lugar de las raíces personales.
Gracias a ellos sabemos quiénes somos, de dónde venimos y cuál es nuestra
conexión con el resto de la humanidad de la que evidentemente nos sentimos
solidarios. Las raíces familiares se reflejan de una manera clara en nuestro
nombre, que es nuestra identidad social. El nombre propio indicado esta
identidad es radical, nuestro yo, que es único en el mundo, pero a renglón
seguido nuestros apellidos indicado nuestro origen y nuestra procedencia: las
raíces del yo. Antiguamente tenía mucha importancia a la estirpe, el linaje, es
decir, los antepasados que nos precedieron durante muchas generaciones. Hoy en
las sociedades modernas, esto ha variado e importan fundamentalmente las
generaciones más cercanas: Padres y abuelos.
La familia, generalmente, nos arraiga también no sólo
a nivel personal, sino territorial y cultural. A traves de ella nos asentamos
en un territorio y en una cultura determinada que será para siempre nuestra
tierra y nuestro país. Por eso la familia es también, de algún modo, el lugar
al que pertenecemos y al que siempre podemos volver.
b. El
centro afectivo
Lo más importante en la vida es querer y ser querido.
Pero donde eso sucede de manera radical es en la familia. Por eso es sin duda
el centro afectivo más importante de la persona.
En primer lugar es el ámbito en el que somos queridos
de manera radical e incondicional. El hombre es, ciertamente, un ser único e
irrepetible, esto sólo se pone de manifiesto de modo existencial en el entorno
familiar; especialmente en acontecimientos tan trascendentales como la vida y
la muerte. "El nacimiento de un hombre es extraordinario e irrepetible y,
a la vez y de nuevo, personal y comunitario. Pero más allá de esta dimensión,
más allá de los confines de la familia, este hecho pierde ese carácter y se
convierte en un dato estadístico, tema de objetivaciones de distinto género,
hasta llegar al mero registro, que utiliza la estadística. La familia es el
lugar en que todo hombre se revela en su unicidad e irrepetibilidad".
Al mismo tiempo y simultáneamente, la familia es el
lugar donde amamos de manera más decisiva, donde desarrollamos al máximo
nuestra capacidad de amor, entrega y donación y dónde están los seres que dan
sentido a nuestra vida.
c.
Familia y trabajo
La relación entre familia y trabajo también es muy
profunda aunque en este aspecto se ha producido una fuerte evolución. En la
denominada familia tradicional europea que estuvo vigente cuando predominaba
una cultura rural, llegaron a coincidir familia y trabajo profesional. Los
artesanos, los pequeños comerciantes, los agricultores, etc., Trabajaban en el
lugar en el que vivían y enseñaban ellos mismos el oficio a sus hijos. Con el
proceso social que trajo consigo la urbanización y la industrialización, esta
relación se fracturó y se debilitó. Aun así, todavía sigue existiendo una
importante relación entre familia y trabajo.
Ante todo persiste lo que podríamos denominar "
trabajo de construcción del hogar" que abarca todas las tareas necesarias
para que el sistema-familia funcione adecuadamente. Este trabajo implica, por
un lado, un conjunto de tareas más bien instrumentales: orden y decoración de
la casa, alimentación, vestuario, etc., Y, por otro, una serie de tareas más
personales relacionadas con el cuidado y educación de los hijos y el adecuado
mantenimiento de las relaciones de pareja. Este conjunto de actividades supone
un trabajo muy importante y debe ser mucho más valorado por la sociedad de lo
que lo es actualmente.
No hay que olvidar la importancia que tiene la familia
como motor del trabajo profesional. En muchas personas (independientemente de
si tienen un aprecio genuino por su profesión), la necesidad de conseguir los
medios económicos suficientes para que el sistema-familia funcione
adecuadamente es a veces el impulso más fuerte para alcanzar determinadas metas
o cotas de trabajo.
d. El
lugar de la muerte
La familia, por último, es también en cierto sentido
el " lugar " de la muerte, es decir, el espacio afectivo adecuado en
el que todo hombre debe morir. Si la familia es tan importante y si en la
familia se encuentran las personas más importantes para el sujeto, resulta
lógico que esas personas le acompañen en el momento más decisivo de la
existencia, aquel en el que se parte para un más allá conocido quizá por la fe
pero oscuro desde el punto de vista existencial.
En ese momento definitivo, que el hombre, de todos
modos, atraviesa solo, es muy importante que la persona se encuentra rodeada de
sus seres queridos para que le ayuden a pasar ese trance siempre amargo y le
atiendan y esos momentos especialmente difíciles. Pero, además, El hombre debe
estar rodeado por su familia porque lo que le rodea al morir es un signo de lo
que ha sido su vida. Si encuentra soledad puede llevarse al otro lado una
sensación de fracaso y desolación mientras que, por el contrario, si encuentra
amor se verá rodeado de una sensación de plenitud. No siempre será posible que
el hombre muera físicamente en su casa familiar, pero, afectivamente, siempre
debe morir en familia, es decir, rodeado y querido por los suyos.






